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Quiero que me enseñes el arte, quiero recorrer a tu lado el camino que conduce a la piedra.
Paracelso dijo con lentitud:
             -El camino es la Piedra. El punto de partida es la Piedra. Si no has entendido estas palabras, no has empezado aún a entender. Cada paso que darás es la meta.
El otro lo miró con recelo. Dijo con voz distinta:
             -Pero, ¿hay una meta?
Paracelso se rió.
             -Mis detractores, que son menos numerosos que estúpidos, dicen que no y me llaman un impostor. No les doy la razón, pero no es imposible que sea un iluso. Sé que "hay" un camino.

                                                            Extracto de "La rosa de Paracelso" de Jorge Luis Borges

La gente mira codiciosa un castillo que custodian muchos guerreros; en la puerta hay un guardián con un libro para escribir el nombre de aquel que sea digno de entrar. Un hombre intrépido se allega a ese guardián y le dice:
               "Anote mi nombre, señor". Luego saca la espada y se arroja sobre los guerreros.
                              
                                                            Leído en las Obras Completas de Jorge Luis Borges.

He tomado estos dos textos leídos a Borges porque en cierta manera contienen mis anhelos y reflexiones artísticas. En el primero, Paracelso dice que hay un camino a un viajero que llama a su puerta pidiendo ser su discípulo y que solicita una sola demostración de su arte, que es la Alquimia y la Cábala, antes de poner la vida entera a su servicio. Le pide que resurja de las cenizas una rosa quemada en la hoguera. Se marchará sin ver el prodigio solicitado y creyendo que Paracelso era un impostor.

Jorge Oteiza es el Paracelso del arte. Su caja metafísica es la rosa que surge de sus cenizas y su libro Quousque tandem es la Ciencia del arte. En él se vislumbra el carácter cíclico del arte. Afirmar que el crónlech vasco, el Partenón, las Meninas y su Caja metafísica son la misma expresión artística es afirmar que ha habido ciclos diferentes de arte en los que se han dado expresiones estéticas similares, acordes a su tiempo.

Jordi Teixidó en una conferencia en Pamplona desgranó cómo en el arte de la pintura ésta comienza siendo narrativa y cómo a lo largo del tiempo pierde paulatinamente esa narratividad y termina finalmente en la abstracción, que es forma sin contenido. La forma y el contenido es una misma cosa en la abstracción; no se solapan como en la pintura inicial del último ciclo, ni la forma está en función de los contenidos y para los contenidos.
Con las lecciones de Oteiza se intuye la existencia de los ciclos y un punto de inflexión, en el que cambia la dirección y la intención al arte, al menos en el último de los ciclos, desde la pintura románica y gótica hasta la actual. En aquellas seis premisas que componen el corazón y el punto de arranque para entender Quousque Tandem, decía por ejemplo que el arte actual ya no es expresión, no es comunicación como lo fuera el que surgiera a principios del ciclo; que el arte ya no parte de la nada para encontrar en su época una manera de expresión, sino que la nada es el punto de llegada. Si afirmó que el arte es cíclico, manifestó que cada ciclo debe de tener un punto de inflexión o al menos que el último lo tiene.
Con Jordi Teixidó se entiende que hay un camino, una tendencia, una cadencia en donde la narrativa va decreciendo. Observando otras cualidades del arte se intuye que también van de más a menos o de menos a más, que hay un camino, una tendencia que sobrepasa al artista

Dice Borges que un artista no es un perseguidor de sorpresas, sino un hombre que bruscamente ve. Yo he visto tendencias en el arte. He visto la desmaterialización en las sillas de Kosuth si eran ordenadas correctamente, y he añadido una más que no tiene materia: la palabra silla hablada. Si el arte tendía a la nada, como afirmaba Oteiza, en la obra de Kosuth se resumía involuntariamente la tendencia del arte. De esa idea surgió la ordenación de las sillas. También he podido entender que Kosuth hizo una réplica de "Anticipación de un brazo roto" de Duchamp y la tituló "Una y tres sillas" y he sabido entender la relación de consanguinidad entre la metáfora, el símbolo y el ready-made. Por estos y otros hallazgos siento el arte como parte de mí, por lo que a veces creo que por la misma razón yo debo ser parte del arte también. Cuando uno inmola su salario diario para hacer cosas que se amontonan debe ser por algo más que por coleccionar, por algo más que por presumir, o por algo más que por confundir. Y es tal la dedicación que se asume cuando se ha encontrado una pequeña rendija de claridad en la confusión que reina hoy en día en el arte, que uno no se para a pensar si ciertos comentarios o ciertos actos le son perjudiciales o le benefician. Si el artista bruscamente ve, bruscamente actúa. De igual manera que de la nada, teniendo de soporte una idea, levanto una obra con mis manos, levanto también mi rebeldía contra lo que no me gusta, contra lo que me parece que es hostil a la vida o contra lo que es hostil al arte. De esa actitud ha nacido esta Web. No tenía otra alternativa; tampoco la quería.

La lectura del segundo texto de Borges me produjo una actitud. Yo quise ser de repente ese loco, ese rebelde, ese hombre intrépido que se arroja sobre los guerreros para preguntar al hombre del libro y a otros como él, quién les da el poder de escribir y borrar nombres y quién tiene la potestad de hacerlo. Después de ser rechazado tres veces consecutivas en la bienal de Pamplona me prometí que no habría una cuarta vez. Había presentado mis obras más importantes: La cuarta silla de Kosuth, El eslabón perdido, que explica la relación entre "Anticipación de un brazo roto" y "Una y tres sillas", y el Corredor, hecho al estilo de Gargallo, quizá mi escultor preferido. Decidí saltarme las reglas, no jugar al juego que ellos proponen ni bailar al ritmo del sonido hipnotizador de su dinero, que por otra parte no es de ellos. Pero poco más puede hacer alguien que le guste el arte sino bailar al ritmo que se le impone si no quiere claudicar tarde o temprano. Entendí que en ese poco margen, en ese espacio de libertad, se encontraba precisamente la web. Soy libre para decir lo que quiero y lo que pienso. Si en lo social no me gusta cómo está organizado el mundo, ni su repartición, ni sus modelos a seguir, ni sus fines inmediatos, en lo artístico entendí que se desarrolla y se organiza de la misma manera, y que ya era una parte más del capitalismo seductor. Antes al menos, el arte tenía algo de rebelde y de libertario. Dijo Lucía Etxeberría que las subvenciones son una forma de censura. Huelga decir lo libre que soy al respecto.

Aquí, en este ámbito de libertad, quiero manifestar una manera personal de entender el arte que ya se vieron en mis dos libros anteriores. Hay tres premisas sobre las que se asientan mis reflexiones sobre arte, premisas que surgen paradójicamente de esas reflexiones::

       -La primera: No creo en los Genios. Sin Manet, sin Cezanne o sin Picasso la pintura habría llegado tarde o temprano adonde está. ¿Puede alguien pensar que si Edisson no hubiera nacido, ahora estaríamos sin luz eléctrica y jamás la conoceríamos? Me parece que no. En arte sucede lo mismo. Se habría llegado tarde o temprano a la abstracción y al conceptualismo aunque a Picasso o a Duchamp no les hubiera dado por el arte. El hecho de negar a los genios y afirmar que son producto del fetichismo social y no más que la punta del iceberg, me permite creer que una persona vulgar como yo pueda decir cosas geniales como enunciar "La cuarta silla de Kosuth". Un billete no lo encuentra quien más madruga, ni quien más vista tiene, ni tampoco quien sale a buscar billetes perdidos, sino que lo encuentra quien más suerte tiene, o simplemente quien pasa por all a su debido tiempo.. Yo he tenido la suerte de pasar un día cualquiera por el museo Thyssen, de leer a Oteiza a mi manera y de pensar y decir cosas que a un académico le serían prohibidas por su reputación de cordura y solidez. Si de algo se ha nutrido el arte es de fantasía, algo de la que carecen los críticos y tuteladores de arte, porque de otra manera no habrían sido eso, sino artistas. Me causa tristeza ver en el museo Guggenheim a las personas ejercitando más su oído que su vista y su ingenio. Colgadas de un aparato electrónico que les va a decir el secreto jamás dicho, que les va hacer entender en unos minutos todo el arte, se agarran a él cuando podrían ver con sus propios ojos todo lo que esos aparatitos dicen, que no es gran cosa. Si pasaran el mismo tiempo de escucha delante del cuadro y se preguntasen qué les parece o qué les sugiere esa pintura, seguro que aprenderían más que lo que les pueda explicar ese estorbo con pintas de mando a distancia colgado al cuello. Primero porque lo que uno piensa se le queda para siempre, mientras que lo que dice el aparatito, por muy largo, meditado y acertado que sea, corre el albur de olvidarse en el cuadro siguiente. En mi opinión, basta con la reseña escrita que se coloca al lado del cuadro y que si se lee, se lee siempre al final, después de ver el cuadro y después de leer el título, en ese orden. Con el aparatito sucede que en cuanto se ve que el cuadro tiene un distintivo de explicación oral, enseguida se enchufa, sin tiempo para verlo. De esta manera el individuo escucha arte, pero no lo ve. Y el arte pintado y esculpido es para verlo, para mirarlo. Esa manera de enseñar priva de la imaginación e incluso del error. Es beneficioso para el arte incluso la equivocación. El entender otra cosa de la que dice el artista enriquece el arte y lo hace evolucionar*.

      La siguiente premisa es el origen de que no crea en los genios. A esta conclusión llegué porque pienso que el arte lleva una trayectoria que supera cualquier intento individual de dirigirlo. No es la estética un capricho del artista, sino el artista un capricho de la estética. Es su médium, su esclavo, su interventor. Si se mira la evolución del arte en las distintas épocas se intuye unas reglas que Oteiza no las nombró pero que creyó que existían cuando escribió la Ley de los Cambios. Para mí el espacio y el tiempo son las coordenadas que hay que tomar de referencia. Cómo evoluciona el cuadro espacialmente y cómo lo hace temporalmente es el mecanismo de observación a seguir. El espacio en el cuadro es fácil de ver; el tiempo lo es si entendemos por tiempo el movimiento. Ya he dicho en la página principal que el movimiento es la constatación del tiempo en el espacio. El movimiento es el mecanismo que debemos seguir en la evolución del cuadro, además de la evolución espacial. En mi tercer libro, que está por escribir, pero que ya tengo parte del borrador, son la referencia que tomo para la explicación del arte. Lo titularé "Interpretación y teoría de la relatividad en el arte". Después de haber escrito "El espacio y el tiempo en el arte" y "Del simbolismo al conceptualismo" me queda ofrecer una imagen global del arte, de las ideas sesgadas que salen en estos dos libros anteriores. He leído decir a un crítico, haciendo el comentario de un cuadro adquirido en la bienal de Pamplona, que una lona vieja que era el soporte de un cuadro que estaba interpretando, daba aspecto del paso del tiempo. Vuelvo a leer algo similar en una prestigiosa revista de arte que relata pistas sobre la pintura de Cezanne. Para ese articulista el tiempo está acuñado en el vestido viejo del retrato de la señora Cezanne. No entienden ninguno de los dos qué es el tiempo en el arte. No entienden que el tiempo en arte se mide en movimiento, ya sea movimiento real o virtual. En el arte cinético el movimiento es real; en el arte óptico también es real porque el movimiento del espectador se incrusta en la obra. De igual manera que por el movimiento de rotación de la tierra parece que el sol se mueve de Este a Oeste, en las obras op-art parece que el movimiento que el espectador realiza se traduce en la obra en vibración óptica, en movimiento. En el cubismo ya no hay movimiento real, pero el pintor ha tenido que moverse para pintar dos lados distintos del objeto que desde un punto fijo es imposible ver a la vez. El artista, aunque haya hecho el dibujo en su estudio, sin modelo, y de manera pensada, ha tenido que mover al menos su imaginación para poder ver dos lados opuestos de un mismo objeto, o dos ojos en una figura de perfil. Es lo que se ha llamado la visión simultánea. Para una visión simultánea, para ver dos cosas a la vez, en planos complementarios o contrarios, es obligado moverse También tenemos en el cuadro movimientos virtuales diferentes: relativos a la factura o pincelada de la materia, al color, al dibujo; movimientos de flotación como en el suprematismo, de fuerza centrífuga como en el vorticismo, etc, etc... La evolución del movimiento ayuda a ver la evolución del arte. Quien no entiende esto no ha empezado aún a entender.

La tercera premisa se refiere la evolución mercantil que ha experimentado el arte en estos últimos tiempos y que ha influido en su devenir. En el segundo libro, "Del simbolismo al conceptualismo" , hice alguna reflexión sobre las diferentes economías que sustentaron el arte antiguo y la que sustenta el contemporáneo. Ha crecido entre el artista y el espectador una nueva clase social relativa al arte que domina el dinero que lo mueve y el poder que lo fija: los comisarios, los curadores, los críticos, los periodistas especializados en arte, los galeristas, más preocupados en hacer del arte un negocio que una afición y satisfacción personal, como sucedía en tiempos. El nuevo arte, el arte experimental y de investigación fluctúa como puede entre estos nuevos parámetros condicionantes. Ya he dicho antes que el arte ha perdido su libertad original. Aún y todo, no dudo que a la larga el arte hará su propio capricho en las futuras cribas que a lo largo del tiempo suele hacer. Muchas obras que hoy se pavonean en el horizonte serán chatarra y otras guardadas en los desvanes verán la luz.

Por todas estas cosas ha surgido la web. Por esto y porque a lo largo de los años se han ido acumulando las esculturas en el espacio vital que necesito y me están quitando el sitio y el aire. Necesito venderlas, regalarlas o tirarlas para tener sitio de nuevo y empezar otra vez como Sísifo, condenado eternamente a subir una piedra a la cima de una colina y, llegando a ella, las fuerzas le flaqueaban y la piedra rodaba ladera abajo, de manera que de nuevo debía comenzar el castigo que Zeus le impuso. En esta web he organizado una subasta. Una obra, por ejemplo, sale al precio de 0 Euros. Sólo basta pujar 10 euros, que es la puja mínima y venir a por ella. Muchas otras salen muy por debajo de su precio de coste. Algunas, las más pequeñas o las más importantes, muestran su precio correcto o el que yo considero correcto.

Por todas estas cosas como digo: el quitarme las obras, la misión didáctica, el juicio que el público pueda tener de mis obras manifestado en los foros, la rebeldía ante lo que veo y el horizonte artístico cerrado que no me deja movilidad, es lo que me ha traído de manera intuitiva, que es como hago casi todas las obras y casi todas las cosas, a hacer esta web como si fuera una obra más.

El espectador podrá observar en la página Exposición permanente la diversidad de estilos en las obras o, lo que es lo mismo, el no-estilo, la ausencia de estilo, tan necesario para identificar a un artista y darle su prestigio. Si alguna vez llego a tenerlo será seguramente la estética que aparece en Don Quijote y Sancho o en El Corredor. Pero mientras tanto digo lo que dijo Oteiza: No soy el artista que pude ser sino el que debo ser. Ni siquiera me considero artista palabra de una ambigüedad resbaladiza. Pero como ya he dicho no creo en los genios ni en los artistas como definición sino como composición y compromiso cultural. Hay obras de arte anónimas, obras de arte desconocidas y obras de arte en cualquier esquina del cielo y en cualquier lugar de la Tierra.

 

 

 

 

* No dudo de la capacidad ni de los conocimientos de las personas que preparan estas explicaciones. Simplemente afirmo que están matando, o por lo menos atrofiando, la imaginación del espectador, al que no le dejan pensar o imaginar por su cuenta. El momento de ver un cuadro es para verlo, las explicaciones siempre deben ir al final y no antes, y mucho menos a la vez, porque el oído embota el sentido de la vista y la concentración. Además, mirar un cuadro debe ser primero una diversión, un disfrute, y después, si se quiere, un aprendizaje, pero siempre en ese orden. Uno de los museos donde más se abusa del audio-guía es el Guggenheim; sin embargo tiene este museo algo muy beneficioso para el arte en aportaciones de nueva tecnología: la explicación en vídeo por el propio autor de su obra y su complicidad con el arte. Lo han hecho con Dubuffet y muchos otros, lo están haciendo ahora con Kieffer y con Palazuelo, y lo harán sin duda con los futuros artistas que muestren. Es una bendición oír o leer del propio autor las explicaciones de su obra.
También soy un `poco severo al afirmar que los historiadores del arte, los guías, los comisarios, etc.. no son artistas. Si que lo son, al menos en su vocación de tomar el arte como una forma de vida. Pero su manera de concebir el arte es muy distinta. En primer lugar, económicamente. Para el guía, el comisario o el gerente de museo, es una manera de ganarse la vida. Para el artista suele ser una manera de desganarse la vida, al menos en los inicios, es decir de destinar el dinero que gana en otros ámbitos e inmolarlo en el arte, de renunciar a las cosas que podría hacer o tener en la vida con ese dinero que ha inmolado en arte. Renuncia a vivir de una manera para vivir de otra.
En cuanto a la manera de pensar el arte, el primero suele abusar de la memorización, de la ordenación de fechas y de la acumulación ingente de datos. El segundo abusa de la intuición, de manera que puede errar con asiduidad, y de la meditación. El primero sabrá tal vez mucho más de arte que el segundo, pero el segundo entenderá sin duda mucho más de arte que el primero. Porque el segundo aprende meditando y no memorizando. Aprende menos y más lento que el primero, tal vez, pero aprende de dentro hacia afuera y no de fuera hacia adentro. Esto no quiere decir que el comisario, gerente de museo, guia, etc.. no medite nada ni que el artista no lea nada y lo que aprende sea sólo por su intuición. Pero cuando un arista está enfrascado en una obra, está meditando sobre el arte con todo su cuerpo. Y cuando se le ocurre una variante, vuelve a meditar sobre arte en ámbitos sin investigar todavía; y cuando tiene que explicar sus obras en las exposiciones, no va a encontrar manual donde leer las explicaciones, sino que tendrá que recurrir a sí mismo y mirar hacia adentro para explicar y hacerse entender de los porqués que puedan despertar sus obras. Y a la vez que se esfuerza en hacerse entender, va aprendiendo mejor lo que quiere decir lo que al principio sólo intuyó.
De manera que el artista aprende muchas veces meditando y algunas veces memorizando. Incluso leyendo a otros lo incorpora a su manera de entender el arte y la vida, de manera que, como decía Oteiza, cuando lee un libro no está leyendo exactamente el libro que su autor escribió, sino otro parecido, planeando un segundo pensamiento personal sobre la matriz del libro, o lo que es lo mismo reinterpretándolo. Lo mismo sucede cuando un artista ve obras de otros, las reinterpreta a su estilo, las hace para sí, las fagocita para crear otras nuevas parecidas a la original pero diferentes. El comisario, gestor de museo, curador, guía, etc... no fagocita las obras porque no ejerce el arte con sus manos, no reinterpreta las obras para sí porque no lo necesita, porque no va a crear obras nuevas. Éstos no crean, sólo memorizan, copian exactamente la obra tal como es, con las explicaciones exactas del autor, con sus detalles, con todos los datos exhaustivos que incluso el propio artista no los recordará después. Pero no pueden crear. No saben crear o no ejercitan esa gimnasia mental y emocional. Seguramente sabrán más que los artistas pero entenderán menos de arte que ellos, porque no sienten el arte de dentro hacia afuera sino de fuera hacia adentro. Aunque, como dice Borges, es baladí que uno lo escriba y otro lo lea, porque ambos son caras de una misma moneda. Y al mirar una obra se ejercita esa gimnasia mental y esa emoción que sintió el autor, pero en sentido contrario. La única diferencia es que tal vez, esa emoción, ese ejercicio mental, en uno caiga sobre la superficie y los pájaros del cielo se la coman, mientras en el otro se entierre en su subconsciente y germine una flor, parecida a la original, pero ligeramente distinta.