La cuarta silla de Kosuth

Piedra caliza triturada, madera, acrílico, óleo sobre lienzo, impresión digital y sonido grabado en CD. Febrero-2000.

Código de compra: 2006027  


Siempre he creído que ésta es mi mejor obra. En ella se compendia la teoría de arte que presumo haber descubierto. El mérito de la obra radica en haber añadido una silla más a una obra legendaria, consumada, redonda, en la que parecía que no había cabida para más. Otro mérito igual de importante es el haber organizado las sillas según su dimensionalidad, desde la tridimensionalidad de la escultura hasta la indimensionalidad de la música o la palabra hablada. En realidad es el mismo descubrimiento. Ordenando las sillas desde la tridimensionalidad de la escultura a la bidimensionalidad del cuadro, pasamos a la bidimensionalidad abstracta de signos premeditados, que llamamos letras, y que nos da una imagen pensada que se mueve entre la dimensionalidad de la nada, de la no-dimensión musical, y la bidimensionalidad de la imagen. Por último, la palabra silla, la palabra hablada, que
ya no está en el espacio como las otras formas de silla, sino en el tiempo, tiene el denominador común de la imagen mental con la palabra escrita, pero en este caso la desmaterialización es total porque el soporte de la forma es la voz; es energía, ya no es materia, y esta forma ya no está estática sino que es dinámica, es movimiento. El descubrir esta cuarta forma y añadirla es el efecto de ordenar aquellas tres sillas en su dimensionalidad.
Digo que es mi obra más importante porque contiene en su explicación la esencia de esa teoría que he mencionado. En mi libro El espacio y el tiempo en el arte, al explicar esta obra, señalo que he pintado los perfiles de silla pintada con óleo sobre lienzo, muy pronunciados para darle voluminosidad al cuadro, para darle tridimensionalidad. La pintura en su naturaleza tiende desde lo espacial de la escultura hacia lo indimensional de la música. Los contornos fuertes y la perspectiva dan profundidad al cuadro. Hacer borrosos estos contornos o añadir movimiento en el cuadro, bien rompiendo la pincelada, bien rompiendo la imagen como en el cubismo, bien mediante las curvas y la repetición como en el arte abstracto y en el arte óptico, supone acercar el arte a su otra tendencia, la tendencia unidimensional, musical.
Esta obra surgió después de haber entendido la dinámica de evolución en el arte, y no al revés.