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comentario de exposiciones

 

En esta página haré comentarios sobre exposiciones y obras que me hayan gustado; excepcionalmente también sobre las que me hayan decepcionado. Colocaré la fecha del comentario porque en internet a veces se pierde el sentido de lo actualidado, aunque dejaré los comentarios pasados si considero que aportan datos que enriquecen el arte. Por ello los comentarios más actuales estarán colocados al final

En la Escuela de Artes y Oficios se presenta del 26 de septiembre al 17 de octubre la exposición de Kike Gómez. Es una exposición muy recomendable para el sentido de la vista del espectador, ya que este joven escultor tiene muy buen gusto para definir formas, buen tacto para modelar y buen olfato para entender las diferentes opciones de expresión que aporta la disciplina de la escultura. No voy a decir que es un artista multidisciplinar, palabra demasiado utilizada hoy día. Diré que es polifacético, que es mejor epíteto. El abarcar muchas disciplinas puede surgir en muchos casos por la necesidad de expresar, de explicar, pero en otras ocasiones no es más que una manera de aparentar expresiones. El tener muchas facetas, por el contrario, siempre es una necesidad interior de expresión.
Entre las caras que nos muestra Kike en sus estilos se encuentra el expresionismo de la exageración, el guiño al futurismo de Umberto Boccioni o algunas formas inverosímiles de masas invertidas y vaciados que me reportan hacia Gargallo. Además tiene la versatilidad de utilizar diferentes materiales para su narratividad plástica o formal. Emplea madera, tela, hierro, escayola, bronce, plomo o cinc (no recuerdo qué era) e incluso recurre a la ayuda del vídeo y la fotografía. Esto multiplica a su vez las posibilidades de expresión y hace todavía más heterogénea su producción artística.
La realidad es que son las dos caras de una misma moneda. Hay materiales con los que no se puede decir ciertas formas de expresión y hay expresiones plásticas que surgen precisamente de la utilización de un material concreto. No tiene el mismo resultado si añadimos o quitamos, si se modela o se construye.
Esta versatilidad sucede porque este artista se encuentra en sus comienzos creativos, ávido de investigar y probar y en plena efervescencia de ideas. El arte fue comunicación, dijo Oteiza, y ya no lo es. Y aunque no dijo que el arte es investigación en esas famosas y determinantes premisas del Quosque tandem, si que se comprueba en la totalidad de su arte y en su vida misma que el arte para él no fue otra cosa que investigación, sea investigación respecto a la forma o respecto al contenido. Él supeditó la forma a los contenidos. Fue un investigador de contenidos porque sus formas no pretendían conseguir belleza, que la consiguieron por pura cuestión de armonía, sino contar la propia esencia del arte, su tendencia natural y su filosofía interior.
Kike también es un investigador, todo buen artista lo es. Se deduce precisamente por esa diversidad escultórica. Está en la otra orilla del arte que Oteiza popbló, igual de digna, igual de difícil, terca e indócil, en el que el problema ya no es metafísico sino plástico. Es evidente que Kike es un artista figurativo, que necesita la figura real para narrar. Investiga en la formas, con las formas y para las formas. Esto hace que su escultura sea muy agradable a la vista, nada aburrida porque no teoriza y contemporánea, porque aunque recuerda formas de estilos pasados, no por ello resultan anacrónicas.
Creo que el arte va a avanzar por el camino de las nuevas tecnologías. La fotografía manipulada, la tecnología aplicada al arte y sobre todo los vídeos en todas sus diferentes manifestaciones, se van a apoderar de la vanguardia. Estamos en la era del arte en movimiento, ya lo he mencionado en algún lugar de mi web. No es casual que el cine y la música sean las artes más populares. Tampoco es casual que la arquitectura se haya alejado de su condición estática y presente proyectos de edificios muy dinámicos que huyen de la línea recta y del ángulo similar. No es casual que los arquitectos construyan como si fuesen escultores y que los escultores compongan sus obras como si fuesen arquitectos.
Sin embargo, en ese caldo de cultivo tradicional resulta agradable encontrar a un artista como Kike, con un horizonte lleno de buenas ideas, de imaginación aplicada. Me gusta su Hombre manzana, realizado en bronce. Me parece la síntesis contemporánea de dos obras de Boccioni: "Desarrollo de una botella en el espacio" y "Formas únicas de continuidad en el espacio". La obra comienza en los pies con gajos de manzana y termina en la cabeza siendo ella ya una manzana entera. Hay dos movimientos en su obra: uno el de la figura en sí, que ya he dicho que me recuerda a Formas únicas de continuidad en el espacio, y otro que surge de la conversión de los gajos en manzana, propio del minimalismo de repetición que utiliza unidades seriadas de repetición con variaciones. Las series de repetición siempre conllevan movimiento intrínseco y es por eso que en ese aspecto la comparo con Desarrollo de una botella.
Después está un asomo expresionista en esa escultura en la que desproporciona alarmantemente las manos. Me remonta a un cuadro que suele estar colgado en la paredes del museo de bellas arte de Bilbao y que retrata a un pintor con manos desaforadas. Más expresiva es Pecho al descubierto. Es agresiva, casi atroz. Me vuelvo a acordar con esta obra de otro gran artista: Julio Martín Caro, que nació en Pamplona, que murió en Madrid, que siendo artista más importante que Saura, es menos renombrado.
Hay una obra realizada en escayola cuyas formas aprecio mucho porque adoro la expresión plástica de Gargallo y esta obra me la sugiere. No sé el título exactamente. Tiene una diéresis sobre la u y dos sílabas. Puede ser Müller o Hünder o algo semejante. El título es lo de menos, creo, por su alto valor de estética formal. Esta obra tiene el vaciado de Gargallo y también algunas formas invertidas de voluminosidad que el escultor aragonés utilizó en el periodo intermedio de su creación. Es más orgánico, menos geométrico. Me parece su mejor obra.
Después tiene una obra enigmática, con narrativa más amplia, casi metafísica en la construcción de esa narrativa. Me transporta a las obras de Caspar David Friedrich, en las que la naturaleza se expresa con el terror de su fuerza y empequeñece al ser humano. Nuestro artista local es menos visual que aquél, más conceptual que el artista alemán nacido a finales del siglo XVIII. No en vano parte de la narrativa de esta obra se apoya en los textos escritos en el prisma que hace de pedestal. La forma sirve para contar una historia que destila pesimismo, algo corriente en los tiempos que vivimos. La obra a la que me refiero es una escultura que se escuda tras la cortina y la oscuridad, necesaria evidentemente para que fluya esa luz azul de un cuenco abismal, como el alma de una bola de cristal de una hechicera. Pero el personaje no es el medium, el adivinador; es el paciente del oráculo, es el sufrimiento de la humanidad entera concentrado en ese busto que surge de la propia luminosidad azul. Sobre las cuatro caras verticales del prisma se describen en cuatro idiomas esenciales, como si fuesen cuatro puntos cardinales, doce grandes catástrofes causadas por la naturaleza contra la humanidad en los doce meses de un año.
Hay una escultura de un busto de toro que utiliza de bastidor un carro de la compra. Recuerda la forma más electrónica de los toros de madera utilizados para entrenamientos de los maletillas. No es su mejor obra pero pretende ser una obra moderna. El hecho de instalarle luces llamativas e intermitentes y acompañarla con el video en un ordenador portátil, sugiere que anhela tener contemporaneidad y complejidad. Su ambición sana en esta obra de ser actual, delata esa interioridad de búsqueda y ese abanico de expresión. Además de la propia narrativa del vídeo, otra manera de vincular la escultura con este último ha sido adornarla con la electrónica de las luces. El hecho de buscar soluciones de enlace denota preocupación de búsqueda.
Hay dos bonitas fotos sobre soportes hexagonales en su obra la colmena. Hay una figura en bronce sobre letras relucientes cuyo título no recuerdo. La memoria se empeña en colocarla como si fuese un ser pensante, más que nada por las letras, como si fuese un moderno pensador de Rodin; pero estoy seguro que no era tal cosa porque no tenía su postura. No le presté el tiempo necesario.
No entendí las figuras de escayola que descansaban en el suelo. Eran muy semejantes, No sé si leí el título. No le presté tiempo.
La obra que reclamó mi atención entre todas las que vi al entrar, fue el elefante, por su posición estratégica, junto a la entrada, por su tamaño, el más grande de todas, por la simplicidad de los materiales que han sido los más correctos para tal expresión. Es una obra que por un momento, y tal vez para siempre, empequeñeció las mías. Yo había expuesto hace cuatro o cinco años en la misma sala, que ahora me pareció más pequeña, cosas del tiempo. En la comparación salí perjudicado. Si no fuera por mis obras conceptuales y mi teorización del arte me habría considerado indigno de haber expuesto en esa sala, dado lo que estaba contemplando. Me redimieron para siempre Kosuth y Duchamp. Aún y así, mantengo que no es su mejor obra. Es posible que sea la más original, pero no la mejor.
No sé si estoy exagerando. Sé que es una exposición muy recomendable para ver. Yo venía de ver otra gran exposición: la de arte contemporáneo que está expuesta en Baluarte y de la que hablaré más adelante. No la vi inferior a pesar de que no tenía el lenguaje tan actual. Vi imaginación, vi creatividad, vi búsqueda, sentí madera de artista. ¿Qué más se le puede pedir a alguien que no acaba más que de empezar?
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